Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.

Durante décadas, las actividades agropecuarias causaron alarmantes estragos en el humedal Arrieros de Tocancipá, un ecosistema que sirve como corredor ecológico entre la cuenca alta del río Bogotá y el Parque Nacional Natural Chingaza. 

El exceso del pastoreo y el uso de químicos para cultivos como la papa y el maíz, arrojaron resultados catastróficos: el espejo de agua quedó totalmente sepultado bajo el pasto kikuyo y los sedimentos, mientras que las aves abandonaron la zona al no contar con un refugio.

Arrieros se convirtió en un peladero árido y amarillento con pocos indicios de vida y suelos bastante contaminados, una hecatombe ambiental que a simple vista parecía imposible de remediar. Todo indicaba que las acciones humanas eran irrecuperables.

13 hectáreas de humedal son restauradas en Tocancipá, ecosistemas que fueron afectados por las actividades agropecuarias. Foto: Jhon Barros.

Sin embargo, las directivas del Parque Jaime Duque evidenciaron que la batalla no estaba perdida. En un terreno de 70 hectáreas, que durante años le fue arrendado a varios campesinos de la zona, decidieron crear la reserva natural Ecoparque Sabana, un proyecto para poder devolverle a la naturaleza lo que el hombre le había arrebatado. 

Le puede interesar: ESPECIAL: Miles de aves tienen su santuario en mitad del río Bogotá

Evidenciamos que cerca 13 hectáreas aún contaban con características propias de humedal: un cuerpo de agua natural que hacía parte de Arrieros y una zona hídrica a la que llamamos Jaime Duque. En 2014 sólo registramos 15 especies de aves en el terreno, ninguna endémica”, dijo Darwin Ortega, director del Ecoparque Sabana.

Los humedales Arrieros y Jaime Duque renacieron luego de varias obras y siembra de árboles nativos. Foto: Darwin Ortega.

Luego del retiro de las especies invasoras que tenían agobiados a los humedales, los expertos iniciaron las obras de adecuación hidrogeomorfológica, una serie de dragados e intervenciones para darle forma a los ecosistemas.

“Una de las obras fue arreglar las pendientes de los bordes de los cuerpos de agua pero sin hacer uso de cemento. Las orillas no fueron adoquinadas sino adecuadas con pendientes bajas, para que así la fauna contará con escenarios adecuados para sobrevivir”, expresó Ortega.

Le puede interesar: Un emporio de biodiversidad oculto entre la contaminación

El paso a seguir fue reverdecer la reserva con 120 especies nativas, árboles y arbustos que son propagados en el vivero del Ecoparque Sabana. “Llevamos más de 67.000 plantas sembradas con ayuda de la comunidad y la meta es llegar a cerca de 160.000”, mencionó Ortega.

Las aves ahora se están reproduciendo en los humedales del Ecoparque Sabana. Foto: Fernando Castro. 

El agua de las lluvias y la que baja del cerro Tibitoc es retenida por los suelos arcillosos de Arrieros y Jaime Duque, recargas naturales que han evitado que los ecosistemas se sequen en época de sequía.

Familias de aves

El proyecto de restauración ecológica del Ecoparque Sabana ya arrojó varios frutos biodiversos, en especial para la avifauna de la sabana de Bogotá. Los registros de especies de aves pasaron de 15 en 2016 a 115 en la actualidad, entre residentes, migratorias, endémicas e incluso en peligro de extinción.

Tinguas como la bogotana y pico verde, únicas del altiplano cundiboyacense, patos turrios y enmascarados, zambullidores, búhos, monjitas, ibis, águilas, colibríes, fochas americanas, pellares, garcitas y alcaravanes, hacen parte del ramillete de los alados que ahora cuentan con un refugio en medio de la zona industrial de Tocancipá.

Los huevos de las aves aparecen con mayor frecuencia en los humedales restaurados de Tocancipá. Foto: Ecoparque Sabana. 

El incremento en la población de las aves es un certero indicador de que la restauración de los humedales es efectiva. Sin embargo, lo que más nos llena de orgullo es que varias especies de aves ahora se están reproduciendo en el Ecoparque. Ya hemos registrado nidos, huevos y familias de aves con sus crías”, aseguró Ortega.

Por medio de cámaras trampa y recorridos por los humedales Arrieros y Jaime Duque, los expertos han encontrado familias de tinguas pico verde en sus nidos, donde se aprecia a los padres cuidando los huevos y alimentando a la crías al igual que varios pequeños nadando detrás de sus progenitores en los espejos de agua.

Las primeras tinguas pico verde con sus crías aparecieron a mediados de 2018, un rayo de esperanza para una subespecie (Porphyriops melanops bogotensis) catalogada en peligro crítico de extinción en Colombia.

La tingua pico verde es una de las aves que más se reproduce en los humedales de la reserva. Fotos: Fernando Castro. 

Llevamos registradas más de 30 tinguas pico verde en el Ecoparque, aves que son estudiadas para establecer su comportamiento, reproducción y alimentación. Con algunas cámaras trampa hemos visto por lo menos 25 nidos activos de esta especie”, afirmó Fernando Castro, curador de aves del Jaime Duque.

Le puede interesar: Nueve aves calentanas se toman el tramo medio del río Bogotá

El pato turrio o pico azul (Oxyura jamaicensis andina), otra subespecie en peligro de extinción, también se reproduce con frecuencia en los humedales del Ecoparque. “En 2018 registramos la primera reproducción de esta ave, una pareja que apareció en la vegetación con sus crías”, complementó Castro.

Pato turrio macho y una de las crías. Esta es una de las especies endémicas que se reproduce en el Ecoparque Sabana. Fotos: Parque Jaime Duque.

El pato canadiense y el chorlo gritón ya no solo llegan a los humedales de Tocancipá a descansar de su paso migratorio; también se están reproduciendo. Castro ha contado más de 25 nidos de pato canadiense, una reproducción poco conocida en Colombia.

“Este pato migra desde Estados Unidos y Canadá hasta las zonas más bajas de Colombia. Su migración es bastante numerosa, tanto así que en humedales de la Costa Atlántica es posible ver más de 2.000. Sin embargo, no se habían documentado casos de reproducciones en el país”.

Cría de chorlo gritón, un ave migratoria que ahora se reproduce en la reserva. Foto: Parque Jaime Duque.

Las primeras crías de pato canadiense aparecieron en 2016, panorama que va en aumento. Según el experto, en cada migración aparecen en promedio 11 nidos de manera simultánea, cada uno con 12 huevos.

Del chorlo gritón tampoco había pruebas fehacientes de su reproducción en Colombia. “Llevamos ocho eventos de reproducción de esta ave migratoria, con nidos y polluelos a bordo. Cuando nacen son muy parecidos a los alcaravanes y de adultos les aparece un tipo de corbatín en el cuello, con líneas blancas y negras”, dice Castro.

Hallazgos recientes

El pato enmascarado (Nomonyx  dominicus) es el caso de reproducción más reciente en el Ecoparque Sabana. La especie fue registrada por primera vez hace dos meses durante la cuarentena del coronavirus.

La pareja de patos esmascarados apareció en el Ecoparque durante la cuarentena. Fotos: Darwin Ortega.

Vimos una pareja de patos enmascarados en uno de los humedales de la reserva. Al principio pensamos que estarían de paso y que sólo buscaban un lugar de refugio y alimentación, como lo hacen todas las aves migratorias”, recuerda Ortega.

Le puede interesar: Regresó el cangrejo sabanero a Tocancipá

Al poco tiempo, los expertos observaron comportamientos que indicaban una alta probabilidad de que los patos enmascarados iban a anidar. “Sin embargo, nada era seguro. Por eso seguimos monitoreándolos casi todos los días”, precisó el director del Ecoparque.

Crías de patos enmascarados sorprendieron a los expertos del Ecoparque. Foto: Darwin Ortega. 

La semana pasada, Ortega y Castro quedaron sorprendidos al ver en uno de los cuerpos de agua a una familia de estos patos. “La pareja tuvo cuatro hermosos polluelos, un acontecimiento que nos llenó de felicidad en la reserva. Son los primeros enmascarados que nacen acá”.

Para Ortega, la tarea más compleja para la pareja de enmascarados de aquí en adelante será la crianza de sus hijos, trabajo que será complementado con el cuidado del hábitat que hacen los trabajadores del Ecoparque.

Polluelo de monjita bogotana en los humedales restaurados de Tocancipá. Foto: Fernando Castro.

“El proceso de restauración de los humedales aún no ha culminado. Aún nos queda un largo camino por recorrer, pero lo que hemos hecho hasta ahora está favoreciendo a muchos animales de la región”.

Le puede interesar: Un costeño que trabaja por salvar los humedales del río Bogotá

El director del Ecoparque Sabana manifestó que la reproducción es un importante indicador de mejora del estado del ecosistema, ya que muestra el uso que le dan los animales a los nuevos hábitats que se van creando y a recursos previamente inexistentes en la reserva. 

Otros casos de reproducción de aves son la monjita bogotana (Chrysomus icterocephalus bogotensis), caica paramuna (Gallinago nobilis), tingua pico amarillo, zambullidor piquipinto, alcaraván (Vanellus chilensis), copetón (Zonotrichia capensis) y mirla patinaranja (Turdus fuscater), estos últimos con nidos en los árboles más grandes que no sobrepasan los dos años de edad”.

Le puede interesar: ESPECIAL: Córdoba, el humedal que la comunidad salvó del cemento

Además de las aves, en la reserva también se reproducen la serpiente tierrera, un reptil endémico de los municipios de Cundinamarca y Boyacá, las comadrejas (Mustela frenata), la zarigüeya andina (Didelphis pernigra) y el curí (Cavia anolaimae).


Polluelos de las tinguas: pico verde (A), pico rojo (B) y pico amarillo (C). Fotos: Fernando Castro.

"Es importante analizar los registros de flora y fauna a largo plazo, evaluando si el proceso de restauración se está desarrollando de manera exitosa o si se deben buscar medidas de manejo adaptativo. Estudiar las especies que llegan y utilizan el ecosistema, las que lo abandonan o si se da una reproducción exitosa, son medidas orientadas a evaluar las dinámicas poblacionales de algunos grupos de fauna", consideró Ortega.

Para el experto. esta evaluación permite estimar el efecto que tienen acciones de restauración como el control de vegetación acuática, la siembra de árboles nativos, el control del pasto kikuyo y otras invasoras, la exclusión de la ganadería y el enriquecimiento de hábitat por medio de perchas artificiales. "Todas estas estrategias están estipuladas en el plan de manejo y son la ruta que guía al Ecoparque".

Las crías de varias especies de búhos también hacen parte de la reserva. Foto: Darwin Ortega.