Mientras en el Congreso de la República se aprobaba el Plan Nacional de Desarrollo que abría la posibilidad de construir un puerto en el Golfo de Tribugá, en el Pacífico Norte; en Bogotá Christian Abusaid lamentaba la decisión y pensaba en la manera de llamar la atención sobre la gigantesca pérdida social y ambiental que esto podría generar.

Es bogotano, arquitecto de profesión y artista plástico. Fue director creativo de agencias digitales, y hasta diseñador de modas, pero llegó un momento en su vida en el que decidió hacer algo para comunicar lo que sentía a través del arte.

Semana Sostenible habló con él sobre su forma de hacer activismo, su amor por el Pacífico y, en general, su visión de la naturaleza como un todo.

Semana Sostenible: ¿Por qué decidió trabajar el tema de Tribugá?

Christian Abusaid: Llegué a este tema porque estoy yendo allá desde hace más de diez años. Voy a Nuquí y a los alrededores, he compartido con las comunidades de Termales y Apartadó.

He estado ahí y es un lugar mágico que tiene Colombia. He tenido unas experiencias con la naturaleza muy lindas desde ver las ballenas desde la orilla y oírlas cantar en las noches, bucear con tiburones ballena, ver dantas o tapires en su estado silvestre, entonces le tengo un amor a ese lugar y a su gente muy profundo.

Tribugá es uno de los 20 hotspots del planeta, me parece ridículo que plantéen hacer un puerto allí cuando todos sabemos lo que pasa con estos proyectos de megaestructura, para la muestra Tumaco y Buenaventura.

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Mi lucha no es política en ese sentido, no quiero criticar a nadie solo pensaba en hacer una campaña de “awareness” (conciencia), que la gente se cuestionara qué son estos nombres en latín y que solos descubrieran que son las especies amenazadas como la danta o tapir, tiburón ballena, mangle, ballena jorobada.

S.S.: ¿Usted cree que el arte es el vehículo para generar cambios?

C.A.: He entendido que hacer activismo con arte sí puede hacer una diferencia. Ya he trabajo en este tema. He hecho desde cartelismo hasta escultura y es el grano de arena que yo puedo aportar desde mi profesión en algo tan delicado como el puerto de Tribugá.

Mi arte siempre ha tratado temas muy espirituales, muy colombianos también. Siempre he dicho que mi lucha es espiritual. He buscado estos temas que hablan de la condición humana, de esa magia y de ese éter, de esa magia que existe en nosotros y en el planeta y que nos une a todos.

Creo que el arte es una herramienta que incita a estimular nuestra imaginación, a estimular nuestra compasión, a estimular lo que es bello y en este mundo lo que es bello para mí es la naturaleza misma.

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Creo que se debería crear una anarquía ambientalista, en la que todo el mundo haga acciones: que el que hace video haga video, que el  que es grafitero en lugar de poner una firma hable de esto, que los antropólogos trabajen con los biólogos y con el gobierno y también lleguen a acuerdos. Entre más hagamos, más conciencia se va a crear. Hay que ensuciarse las manos.

S.S.: ¿En qué se diferencia su iniciativa de otras?

C.A.: En este activismo y la manera de aportar tengo una frase muy metida en la mente y es que las acciones valen más que las palabras. He visto muchas iniciativas de recoger fondos que no sé si tienen impacto. Por eso, trato yo mismo de ensuciarme las manos e irme un domingo en la noche a pegar carteles desde la calle 100 hasta el centro de Bogotá. Queda la satisfacción de afectar a la gente y generar una curiosidad y aportar a la lucha contra este puerto. Uno podría poner un hashtag grandísimo que dijera: No al puerto de Tribugá, pero lo que he querido es que la misma gente descubra y entienda de qué estoy hablando.

S.S.: ¿Cómo ha sido recibida su iniciativa?

C.A.:  La reacción ha estado muy chévere. He hablado con Conservación Internacional y les ha gustado mucho el proyecto. Con fundaciones de arte como Más Arte Más Acción. Con otras entidades que están apoyando el tema del puerto. Cada uno pone su grano de arena y cada uno va construyendo esta protesta, y creo que al final eso es lo que vale. Y el contenido ha sido duplicado. Creo que hemos llegado a mucha gente. Ha habido mayor concientización acerca del tema.

S.S.: Usted habla mucho de la conciencia, ¿ a qué se refiere puntualmente?

C.A.: Pienso que la gente no se da cuenta que todas las criaturas en esta tierra nacen de la conciencia y hemos perdido mucho el norte.  Nosotros los humanos nos hemos separado de la naturaleza hace siglos, y esa separación es al que nos lleva a no proteger nuestros recursos y a acabar con nuestra fauna y flora.

Lo que a mí me trasnocha en este momento es que nos sentimos superiores a la naturaleza y empezamos a dominarla, a controlarla,  y perdimos toda conexión sagrada. Tenemos que entender que la naturaleza no solo está en los bosques, en los mares, en los ríos, sino que nosotros también somos naturaleza, no somos ajenos, no estamos separados, somos uno. Es lo que llamamos la unidad de la vida.

S.S.: ¿Tiene pensado llevar su acción a otras ciudades?

C.A.: Me encantaría ir a Medellín y a Cali, sobre todo a Cali por su cercanía con el puerto. Estoy buscando la forma de lograrlo, porque por ahora soy solo yo y la financiación va por mi cuenta. Pero, por ahora lo que tengo claro es que el proyecto  va a durar todo el año y usaré los domingos para poner unos 100 nombres de especies en las calles de Bogotá.

S.S.: ¿Qué cree que falta por hacer?

C.A.: Hay modelos como el de Extinction Rebellion,  que le exigen al gobierno contar la verdad sobre el desastre climático inminente. Hay que dar marcha atrás sobre esas políticas incoherentes y trabajar junto a las comunidades para que haya una verdadera democracia.

Creo que toda la gente que tiene habilidades de comunicaciones deberían hacer algo. Solo hacerlo es un grano de arena para unir y concientizar.

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Invitaría a toda la gente que está en las artes a salir a hacer acciones en contra de esto. Y no tengo ni idea que vaya a pasar, no sabemos nada, todo es una incertidumbre, una gran pregunta.