A mediados del siglo XX, las zonas aledañas al río Bogotá en su tramo medio empezaron a recibir nuevos visitantes. La migración desatada por la violencia en el país causó que millones de personas llegaran a la capital en busca de una mejor vida, escogiendo terrenos cercanos a algún cuerpo de agua para verter sus desechos.

Desde esa época, el río que fue sagrado en la época prehispánica y utilizado como combustible para la agricultura introducida por los españoles, se convirtió en epicentro de contaminación, panorama que se tornó aún más crítico debido a las obras que alinearon su cuerpo, todo con el fin de destinar su zona de ronda a nuevas urbanizaciones o emporios agrícolas.

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Hoy en día, las más de nueve millones de personas que habitan en la capital y el municipio de Soacha, le arrojan 690 toneladas diarias de carga contaminante al río, entre vertimientos, basuras, arenas y grasas. Estas desgracias urbanas fluyen por los ríos urbanos de la capital, Fucha, Salitre, Tunjuelo y Torca, que descargan la podredumbre en el río Bogotá en localidades como Engativá, Suba, Kennedy, Bosa y Fontibón.

La falta de planeación causó que las aguas del río Bogotá fueran utilizadas como sitio final de las basuras y vertimientos. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

Una sentencia del Tribunal Administrativo de Cundinamarca en 2004 le ordenó a la Nación y al Distrito descontaminar al río Bogotá, la cual fue confirmada una década después por el Consejo de Estado. Esta decisión histórica fue el motor para que las entidades se pellizcaran y tomarán medidas concretas, como la puesta en marcha de megaobras para tratar los vertimientos que lo agobian.

La ampliación y optimización de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales PTAR Salitre, la construcción de la nueva PTAR Canoas y la recuperación meándrica del cauce del río en su tramo medio, son las principales arandelas del arsenal que pretende darle vida al río, obras que al parecer darán sus frutos hacia 2030.

PTAR Salitre y Canoas son los grandes salvavidas del río Bogotá. Sin embargo, la ciudadanía debe cambiar su comportamiento para que funcionen. Foto: CAR:

Sin embargo, estas intervenciones no serán efectivas si la ciudadanía no deja de darle la espalda al río y sigue arrojándole sus desperdicios. Así lo aseguró Carolina Urrutia, secretaria Distrital de Ambiente de la capital, en un conversatorio virtual con varias entidades del sector ambiental, una de las actividades realizadas hoy como conmemoración del Día del río Bogotá.

“La gestión y descontaminación del río Bogotá se ha centrado en las obligaciones dadas por la sentencia. Sin embargo, la discusión se debe ampliar a la responsabilidad diaria y cotidiana que tenemos los habitantes de la cuenca con el recurso hídrico, ya que dependemos de él. En la cuenca se concentra 26 por ciento de la producción agropecuaria y 32 por ciento del PIB nacional”, indicó Urrutia.

Tan solo 11 kilómetros del río Bogotá cuentan con aguas cristalinas. Foto: Jhon Barros.

Cambio de hábitos

Para la secretaria de Ambiente, recuperar el río Bogotá no es solo una tarea de las autoridades, sino un trabajo de corresponsabilidad donde los ciudadanos, con cambios de hábitos, le aporten a su recuperación y descontaminación. 

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Por eso, una de las grandes apuestas de la entidad será generar procesos de educación ambiental, para que los habitantes de la capital dejen de afectar al río con su comportamiento diario. 

“Con pequeñas acciones podemos generar un cambio en la situación del río Bogotá, como la separación y el reúso de los residuos, usar detergentes biodegradables, ahorro y uso eficiente del agua y no verter grasas y aceites al sistema de alcantarillado. Si reciclamos en nuestras casas, le damos un respiro al relleno Doña Juana, donde a diario llegan 6.000 toneladas de basuras”, anotó Urrutia.

Los ríos urbanos de la capital del país son las mayores inyecciones de contaminación al río Bogotá. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

Para la funcionaria, resulta inefectivo pensar que los problemas del río se van a solucionar solo porque hay una sentencia o un comité. “Realmente tenemos que ver el impacto de nuestros comportamientos como individuos, además de adoptar nuevos hábitos que nos permitan disminuir los residuos y vertimientos que generamos sobre las fuentes hídricas de la ciudad. Descontaminar el río es una tarea que nos compete a todos”.

Según Urrutia, una persona puede cambiar un hábito en aproximadamente 27 días. “Son tareas sencillas, como separar los aceites y grasas, empezar a comprar detergentes biodegradables y hacer uso de las bolsas blanca y negra para reciclar. Una buena opción es conocer al reciclador de la zona, la persona que más sabe sobre prácticas de separación”.

Todo está conectado

El río Bogotá, los cuatro afluentes urbanos de la capital, los 15 humedales, los cerros orientales y las quebradas capitalinas, hacen parte de la Estructura Ecológica Principal de la ciudad, un sistema que está conectado. Es decir que cualquier impacto en alguno de estos ecosistemas, repercutirá en los demás.

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“Todo tiene un efecto sistémico. Debemos pensar en el río Bogotá como una cuenca y un sistema hídrico, y no como una serpiente aislada. Trabajaremos en consolidar al río como un eje estructural de la conexión ecológica, para así preservar su función ambiental, social y económica. Evitaremos realizar el endurecimiento de la cuenca”, apuntó Urrutia.

Los 15 humedales capitalinos hacen parte de la cuenca media del río Bogotá. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz. 

El río Bogotá ya cuenta con una hoja de ruta. En 2019 fue aprobado el Plan de Ordenación y Manejo Ambiental de la Cuenca (POMCA), el cual tiene 15 líneas estratégicas y proyectos de acción, trazados hasta 2027, para incidir positivamente a nivel físico, biótico y socioeconómico.

“Este POMCA nos permite pensar en el río conjuntamente a través de un eje transversal que es la gobernanza del agua. Incluye programas de ecosistemas estratégicos, seguridad hídrica, gestión del riesgo y de una orientación ambiental productiva, es decir opciones para que la gente produzca sin afectar a la cuenca”, complementó Urrutia.

La apuesta de Bogotá

El Plan Distrital de Desarrollo 2020-2024 y el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de la administración de la Alcaldesa Claudia López, documentos que deben contar con el visto bueno del Concejo de Bogotá, girarán en torno a darle una superioridad jerárquica a la estructura ecológica principal, tener al agua como un eje estructurador e integrar las visiones regional, distrital y local.

“Es decir que las necesidades urbanísticas de la ciudad no serán las que manden la parada, sino los ecosistemas presentes en la estructura ecológica. Por eso, nuestra apuesta es pensar en el agua como un eje para planear la ciudad”, dijo la secretaria de Ambiente. 

Dejar de darle la espalda al río Bogotá, será la principal apuesta del Distrito con el cuerpo de agua. Foto: CAR. 

Sumado a esto, el Plan de Desarrollo propuesto incluye metas conjuntas con otras entidades que buscan la ejecución del Plan de Saneamiento y Manejo Básico de Vertimientos, la continuación del programa de monitoreo, evaluación, control y seguimiento ambiental al recurso hídrico y la eliminación de las conexiones erradas en los ríos Torca, Salitre, Tunjuelo y Fucha.

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16 metas de la hoja de ruta propuesta por el Distrito para los próximos cuatro años incluyen acciones en pro del río Bogotá, como eliminar 1.500 conexiones erradas que generan carga contaminante y concesionar la construcción y operación de la PTAR Canoas para el tratamiento de hasta 16 metros cúbicos por segundo.

“Le haremos mantenimiento a 590 hectáreas en proceso de recuperación, rehabilitación o restauración ecológica, y restauraremos 370 nuevas hectáreas degradadas en la estructura ecológica principal con 450.000 árboles”, precisó la funcionaria.

El agua será el principal eje articulador en Bogotá durante los próximos cuatro años. Foto: Jhon Barros.

Curtiembres, gran reto

Para Urrutia, las principales problemáticas ambientales en los cuerpos hídricos de la capital están ligadas a las conexiones erradas al sistema de alcantarillado, curtiembres de San Benito, vertimientos industriales, actividad minera, incorrecta disposición de residuos sólidos, conurbación y ocupaciones ilegales.

“Es muy difícil aplicar la fuerza y presencia estatal en sitios como las curtiembres de San Benito, uno de los mayores problemas en el río Tunjuelo. La conurbación es una problemática causada por la falta de planeación, la cual mitigaremos con los demás municipios de la cuenca. Uno de los retos más grandes en Bogotá es la ocupación ilegal impulsada por las necesidades de vivienda y el mercado ilegal de los tierreros, un problema social y ambiental que genera procesos de riesgo negativos”.

Con las curtiembres de San Benito, la SDA informó que 11 cuentan con medidas de suspensión de actividades por infracciones ambientales, y que ha realizado 37 capacitaciones en tratamiento de aguas residuales en el sector.

Las curtiembres de San Benito son uno de los mayores verdugos del río Tunjuelo. Foto: Javier Tobar.

En cuanto al Parque Industrial de San Benito, proyecto que lleva años rondando para poner fin a la problemática, la entidad afirmó que trabajará en encontrar una solución jurídica y financieramente viable. 

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“El Distrito no puede ni debe subsidiar la solución a un problema de vertimientos de un sector productivo, pero sí puede establecer un marco de colaboración solidaria para un problema que es de todos los habitantes de la sabana de Bogotá. Estamos explorando con el Gobierno y la CAR los vehículos para lograrlo”.

Respecto al control de vertimientos, la SDA apuntó que ya se priorizaron actividades para la reducción de carga contaminante, como el censo de descargas industriales con 1.653 vertimientos identificados. “Incrementamos el monitoreo de la calidad del agua en los sectores productivos con más de 345 monitoreos en el último año”, dijo Urrutia.

Avance en las obras

Javier Sabogal, gerente corporativo ambiental de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de de Bogotá (EAAB), afirmó que las características físicas del río Bogotá y su cuenca también inciden en su alto grado de contaminación.

“Es un cuerpo de agua pequeño que no ocupa más de 0,5 por ciento del territorio del país. La zona donde está ubicado no cuenta con altas pendientes y no es caudaloso, factores que evitan que el agua pueda limpiarse de forma natural. Además, recibe presiones de 25 por ciento de la población nacional y 30 por ciento de las actividades productivas y de servicios del país está ubicado en la cuenca”.

Así lucirá la PTAR Canoas en 2027, cuando empieza a tratar las descargas de los habitantes del sur de Bogotá: Render: EAAB.

Según el experto, el río Bogotá ya ingresa contaminado a la capital del país. En la planta de Tibitoc presenta una demanda biológica de oxígeno de 150 miligramos por litro, cifra que va incrementando con los aportes de los ríos urbanos: 200 en Salitre, 300 en Fucha y 400 en Tunjuelo.

Varias de las obras que buscan la descontaminación de las aguas que recibe el río Bogotá están en cabeza de la EAAB, como es el caso de la operación de la ampliación de la PTAR Salitre y la construcción de la PTAR Canoas, la estación elevadora Canoas y varios interceptores.

La PTAR Salitre empezará a funcionar en septiembre de 2021. Por su parte, la estación elevadora Canoas que, como su nombre lo indica, elevará las aguas residuales que vienen por el interceptor Tunjuelo a la planta Canoas, estará lista en septiembre de 2022”, anotó el experto.

PTAR Salitre empezará a funcionar en septiembre de 2021. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

Canoas, que tratará 70 por ciento de las aguas residuales de Bogotá y Soacha, será la segunda PTAR más grande del continente americano, la cual tratará 16 metros cúbicos por segundo de vertimientos. “Esperamos que empiece a funcionar en 2027”.

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En los últimos cuatro años, el Acueducto ha retirado 163.077 metros cúbicos de residuos en los canales y quebradas de la capital y 17.964 toneladas en los humedales. “Destinados 3,6 billones de pesos en el diseño y construcción de obras de infraestructura para recolectar y transportar las aguas servidas, como el sistema de tuberías, túneles e interceptores”, manifestó Sabogal.

El diseño y la obra de la estación elevadora Canoas cuenta con una inversión de 372.000 millones de pesos y los diseños detallados de la fase II de la PTAR Canoas más de 15.400 millones de pesos, valor que incluye la interventoría. 

Reverdecer con educación

Martha Perdomo, directora del Jardín Botánico, informó que la entidad adelanta acciones de investigación y recuperación de ecosistemas altoandinos y de páramo para mantener el ciclo del agua en la cuenca del río Bogotá. 

“Hemos liderado procesos educativos y culturales y creado herramientas para la conservación de la biodiversidad de los ecosistemas en puntos como el Bosque Las Mercedes. Aportamos al cumplimento del Plan de Manejo Ambiental de la Reserva Thomas van der Hammen, una zona representativa en el proceso de recuperación del río Bogotá”.

El río Bogotá recuperó sus zonas de humedales y meandros arrebatadas a finales del siglo XX. Foto: CAR.

El Jardín Botánico también fortalecerá los procesos de educación ambiental en proyectos como jardinería y agricultura urbana, restauración ecológica, huertas, cosecha de aguas lluvia y el trabajo con niños y jóvenes. “Trabajaremos con los líderes y gestores ambientales de toda la cuenca del río Bogotá”.

Para Perdomo, las instituciones no pueden trabajar solas para recuperar al río emblemático de los muiscas. “El compromiso de la ciudadanía es igual o más importante que las obras. Por eso, el agua debe ser un eje articulador del territorio y de las dinámicas sociales y ecológicas. De nada sirven los millones invertidos en el río sino trabajamos con las comunidades y los empresarios. Una sola gota de aceite contamina hasta 30 litros de agua”. 

Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.