* Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.

Durante los años 30, la construcción del aeropuerto de Techo y la avenida de Las Américas fraccionó en cinco partes la laguna El Tintal en la localidad de Kennedy, un antiguo imperio del cacique Techovita donde los muiscas hacían sus rituales sagrados.

Uno de esos cuerpos de agua fue el humedal La Vaca, que para esa época contaba con más de 25 hectáreas que le brindaban refugio y alimentación a cientos de aves como la tingua bogotana, la monjita y el cucarachero de pantano. 

Los loteos ilegales, que tuvieron su explosión a finales del siglo XX, hicieron desaparecer de la faz de la tierra al humedal sagrado de los muiscas, un ecosistema que quedó sepultado bajo los escombros, basuras y barrios ilegales como el Amparo Cañizares, donde habitaban más de 5.000 familias.

Kennedy era una de las localidades que más contaba con humedales durante el siglo XX. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

En 1995, el Distrito, que no había hecho mayor cosa para frenar las invasiones ilegales lideradas por poderosos loteros, empezó a hablar de la recuperación del humedal y el desalojo de las personas que allí habitaban, una noticia que causó una revolución entre la comunidad.

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Dora Villalobos, una boyacense que fue víctima de los loteros, decidió tomar la vocería de sus vecinos para evitar que los echaran a la calle. “Nos querían sacar a todos con 8.000 policías, algo que yo no iba a permitir porque todos fuimos engañados. Desde ese momento me convertí en la abogada de la gente y empecé a aprender sobre lo que era un humedal”.

El humedal La Vaca desapareció por completo en la década de los 90, cuando loteros vendieron los predios del ecosistema. Fotos: archivo Dora Villalobos. 

Luego de varias reuniones con las entidades del Distrito, un proceso que duró años, en noviembre de 1999 el Concejo de Bogotá emitió el acuerdo 035, el cual definió que en total serían recuperadas cerca de ocho hectáreas del humedal La Vaca, ecosistema que fue dividido en dos sectores: el norte, con 5,7 hectáreas, y el sur, con 2,2.

El primer paso fue reasentar en hogares dignos a 160 familias que estaban dentro de la zona demarcada como humedal, un largo proceso que tuvo un punto de quiebre entre 2005 y 2006, cuando por el descuido del Distrito llegaron 274 familias más a invadir La Vaca.

“En 2006, la Alcaldía ordenó realizar un desalojo pacífico y empezó a concretarse el proceso de restauración del sector norte de La Vaca, que colinda con Corabastos, obras que iniciaron en enero de 2007 por parte del consorcio Kennedy: el ideal era hacer dragados para retirar los escombros y basuras y que así volviera a brotar el agua”, recuerda Dora.

El sector norte de La Vaca fue recuperado por el trabajo conjunto de la comunidad y el Distrito. Foto: Jhon Barros.

Doce mujeres cabeza de familia, lideradas por Dora, construyeron un banco de semillas en un vivero para propagar las plantas nativas que reverdecerían el humedal. También crearon un biofiltro para disminuir la contaminación de los vertimientos y conformaron un grupo de niños y jóvenes llamado los Guardianes del Agua.

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“El trabajo mancomunado entre la comunidad y el Distrito hizo renacer el sector norte de La Vaca, el cual pasó de un botadero de escombros y basuras a un paraíso lleno de vida donde hemos consolidado un bosque de plantas nativas que le brinda refugio a diversas aves”, asegura Dora, quien es conocida como la mamá de La Vaca.

El humedal de La Vaca cuenta con registros de 82 especies de aves. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

Según Jorge Escobar, director de la Fundación Humedales Bogotá, en La Vaca hacen presencia a la fecha 82 especies de aves, cifra que antes de 2015 no superaba las 53 especies. “A pesar de su tamaño pequeño, humedales como La Vaca y El Salitre son increíblemente biodiversos, albergando más aves que otros ecosistemas de mayor extensión como Techo o El Tunjo”.

Para Escobar, la biodiversidad presente en el sector norte de La Vaca es una muestra fehaciente del trabajo entre la comunidad y el Distrito. “En este humedal la comunidad tiene una importantísima participación en los procesos de cambio. Lo que vemos hoy es reflejo del trabajo en conjunto para el restablecimiento de un ecosistema estratégico”.

La Vaca renació por el trabajo mancomunado entre la comunidad y las entidades del Distrito. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

El olvido del sector sur

Mientras que las 5,7 hectáreas del sector norte de La Vaca resurgieron entre los escombros, las 2,2 hectáreas de la parte sur estaban condenadas por el olvido de las entidades del Distrito.

La situación en la parte sur, ubicada entre las carreras 80F y 81B y las calles 42C y 42F sur, era neurálgica. “El predio fue invadido por parqueaderos y asentamientos ilegales, a lo que se sumaban las intenciones de privados para construir una universidad y conjuntos residenciales”, indica Dora.

El sector sur de La Vaca estaba sepultado bajo los escombros y las basuras. Foto: Fundación Humedales Bogotá.

La líder ambiental y comunitaria de Kennedy aseguró que la parte sur estaba descuidada por la negligencia de las autoridades policivas y la Alcaldía Local de Kennedy.

“Aparecieron unos señores con título de propiedad del terreno, pero el uso del suelo es de humedal. El Distrito tenía que negociar, por eso mi trabajo fue presionar a las entidades para que tomaran medidas drásticas y pudiéramos empezar a recuperar las 2,2 hectáreas del humedal, todas sepultadas bajo los escombros”.

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Susana López, líder comunitaria del barrio Villa Emilia desde hace 24 años, recuerda que antes de los loteos y las urbanizaciones, en la zona se podían ver ranas, renacuajos y aves. “Lamentablemente, en las décadas de los 80 y 90 aparecieron las primeras viviendas que eran vendidas por los tierreros, lo que causó la desaparición de todo el humedal”.

Parqueaderos y asentamientos ilegales sepultaron el sector sur de La Vaca. Foto: EAAB.

López también fue víctima de los loteros. “Yo compré mi predio en 1991, un año donde todavía se podía ver algo del espejo de agua del sector sur de La Vaca. En el año 2000, el Distrito cerró con alambre de púas las 2,2 hectáreas y puso vallas informando que era un humedal. Pero por el descuido de las entidades, todo fue invadido”.

La Vaca sur fue rellenada con toneladas de escombros para construir asentamientos ilegales y dos parqueaderos. “También se convirtió en un botadero de basura donde se quemaban cables y un foco de inseguridad con violaciones y muertos. Eso motivó a la comunidad a empezar a presionar al Distrito”.

Las 2,2 hectáreas del sector sur de La Vaca fueron rellenadas. Fotos: EAAB.

Según esta líder comunitaria, en 2013 la parte occidental del humedal fue recuperada por el Distrito. “Hubo un proceso jurídico muy largo con las personas que vivían sobre el humedal, porque nadie quería salir de allí. Los líderes comunitarios que queríamos recuperar el ecosistema fuimos amenazados por esas personas”.

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La resolución 035 ordenó la recuperación total de las 2,2 hectáreas, pero las entidades no reaccionaban. “Pasaron varios alcaldes y no hacían nada. Por eso, la comunidad empezó a mandar muchos derechos de petición al Distrito para que tomara decisiones de fondo”, afirma López.


Pocos creían que bajo las basuras y escombros había un humedal. Foto: EAAB.

Renace La Vaca más pequeña

A mediados de 2017, el Distrito tomó cartas en el asunto. Lo primero fue sacar a los dos parqueaderos ilegales que ocupaban el humedal y cerrar el predio con la instalación de 957 metros lineales de alambres de púas y postes de concreto.

Esto dio paso a las obras por parte de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB). “El Distrito logró sacar a los dueños de los parqueaderos y las máquinas empezaron a sacar las basuras y escombros. Sin embargo, aún no han podido retirar cinco unidades habitaciones, una nueva problemática”, apunta López.

El sector sur de La Vaca renació entre los escombros. Foto: EAAB.

La comunidad no entendía el propósito de las obras, ya que no se veía ni una gota de agua, una sola ave o parte de un humedal. “Ni siquiera la gente del Acueducto creía que iba a brotar el agua. Un día, una de las máquinas metió la cuchara y afloró el líquido, un momento espectacular para las mujeres que llevamos décadas trabajando por este ecosistema”, dice emocionada Susana.

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Dora también recuerda el día en el que le dejó la boca cerrada a los incrédulos. “Nadie creía que un antiguo parqueadero escondía agua y podía convertirse en un sitio lleno de vida, inclusive los funcionarios del Distrito no tenían fé en el proceso. Recuerdo que una vez les dije que debían hacer las intervenciones en un sector, pero no me hacían caso. Luego de insistir los convencí: con dos palazos en una zona salió agua”. 


El antes y despúes del sector sur de La Vaca. Foto: EAAB.

En las más de dos hectáreas de La Vaca sur, las autoridades retiraron miles de toneladas de residuos de construcción, basuras y llantas. Luego de las obras de dragado, la comunidad y el Distrito empezaron con el reverdecimiento del ecosistema a través de la siembra de plantas nativas.

“Aún mucha gente ve al humedal como un charco de agua. Por eso nuestro trabajo como líderes nunca puede parar, ya que somos privilegiados por tener dos espejos de agua en el barrio. Hace dos años y medio, formamos la mesa territorial de La Vaca, donde entidades y la comunidad trabajamos de la mano para poder sacar los asentamientos que siguen contaminando al humedal”, enfatiza López.

Así luce hoy el espejo de agua del sector sur de La Vaca. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

Un nuevo pulmón

Según la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA), en lo corrido de este año se han plantado más de 490 árboles nativos en el sector sur de La Vaca, un trabajo articulado con la comunidad, los colectivos ambientales y algunas entidades e instituciones del orden distrital y nacional.

Se han sembrado especies como arrayán, camargo sabanero, chilco, raque, ciro, espino garbanzo, garrocho, mano de oso, corono, amargoso y tinto. Todos son nativos y cuentan con características propias de estos ecosistemas que forman parte de la estructura ecológica principal”.

Las monjitas bogotanas abundan en el sector sur de La Vaca. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz. 

La entidad indica que estos nuevos árboles buscan recuperar el humedal La Vaca Sur, mejorar las condiciones ambientales de la localidad Kennedy y generar espacios para que animales como la monjita bogotana, el gavilán maromero, el tordo llanero, la garcita rayada, las torcazas, el chamón, entre otras, vuelvan a habitar en este ecosistema. 

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En las siembras han participado entidades como la SDA, Aguas de Bogotá, EAAB, Ejército Nacional y Policía Ambiental, Corabastos y las organizaciones ambientales Fasol, Guardianes del Agua, Fundación Banco de Semillas, Catarsix, Nokanchipa, Escuela Popular Guaches y Guarichas.

La Vaca es reverdecida con especies de plantas nativas. Foto: EAAB.

Por su parte, el Acueducto de Bogotá informó que la meta para el mes de octubre es sembrar 483 árboles en La Vaca sur de especies como cucharos, arrayanes, hayuelos, cerezos y gurrubos, de los cuales 300 ya fueron sembrados por 150 vecinos del sector.

“Hace más de 40 años, este espacio hizo parte del gran humedal Chucua de Timiza. Luego fue invadido casi en su totalidad y separado en dos: La Vaca norte, colindante con un muro de Corabastos, y La Vaca sur”, dijo la EAAB. 

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El Acueducto precisó que la Vaca sur, ubicada entre los barrios Villa Nelly, El Olivo y El Amparo, era un lugar dominado por la inseguridad. “Hace tres años, bajo el liderazgo de la EAAB y de las mujeres del Banco de Semillas de Dora Villalobos, se inició el proceso de restauración que hoy permite a los habitantes del sector disfrutar de un espejo de agua, árboles y especies nativas que mejoran el entorno ambiental”.

La Vaca sur sufrió un drástico cambio extremo en los últimos tres años. Foto: EAAB.

El renacer de esta parte de La Vaca ha contado con la participación de las vecinas de los barrios El Amparo, Villa Emilia, Villa de la Torre y La María, un trabajo con el Distrito que permitió recuperar un potrero ocupado ilegalmente, lleno de escombros y basuras, y convertirlo en un espacio natural. 

“Una vez el lote fue despejado de las invasiones y de las basuras, y el espejo de agua empezó a aumentar su caudal, se inició el proceso de siembra de árboles de la mano de los habitantes del sector, funcionarios de la EAAB y de la Secretaría de Ambiente”, complementó la entidad.

Dora Villalobos, las mujeres de la fundación Banco de Semillas y los Guardianes del Agua, han sido fundamentales en la recuperación del ecosistema. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

Jalón de orejas

Las mujeres comunitarias aseguraron que junto con el Distrito realizaron el diseño del sector sur de La Vaca sur, una hoja de ruta que incluye la arborización de la zona con especies nativas y procesos de educación como el aula ambiental andante, que sensibiliza a la comunidad sobre la importancia de este tipo de ecosistemas.

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Sin embargo, el sueño ambiental de las comunidades está en peligro si el Distrito no retira los cinco asentamientos ilegales que hay dentro de la ronda del humedal. “Hasta que no los saquen todo será muy difícil. Hay una pelea jurídica entre la Alcaldía y el Acueducto, que no se hacen responsables de la situación y se tiran la pelota. Llevamos tres años esperando”, menciona López.

El Distrito no la podido sacar cinco asentamientos ilegales dentro del humedal. Foto: Jhon Barros.

Para Jorge Escobar, director de la Fundación Humedales Bogotá, es urgente un cerramiento perimetral, saneamiento predial y solucionar el asunto de algunas viviendas en la ronda del sector sur del humedal La Vaca.

“El cambio en el sector sur es impresionante. El lugar era un parqueadero que fue rellenado con escombros y basuras, una hecatombe que empezó a solucionarse hace algunos años gracias al trabajo de mujeres como Dora Villalobos. Pero persisten esas unidades habitaciones que deben ser saneadas de forma urgente”.

La Vaca es un pulmón en la localidad de Kennedy que alberga más de 80 especies de aves. Foto: Dora Villalobos.

La zona luce repleta de monjitas bogotanas, una subespecie endémica de los humedales de la sabana. “La vida se está imponiendo con fuerza en La Vaca sur. Ver un espejo de agua donde antes había un parqueadero es impresionante. Pero aún hay mucho que recuperar, como retirar las viviendas ilegales, que arrojan basuras y rellenos”.

Escobar le hace un llamado al Distrito para que priorice el trámite jurídico que permita sanear la zona y que así la restauración sea total. “Hay que presionar para tener más espacios naturales en la ciudad. La Vaca sur es una esperanza de vida en medio de la urbe”.