Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.

Desde la época prehispánica, las lechuzas de campanario han estado envueltas en mitos y leyendas que tienen a la maldad y la oscuridad como protagonistas. Una de las historias más antiguas sobre estas aves de plumaje blanco proviene de los muiscas, indígenas que habitaban en la sabana de Bogotá.

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Huitaca, una mujer llena de odio, introdujo la lujuria, el libertinaje y la embriaguez en el pueblo muisca. Sumado a esto y con el único propósito de erradicar a los indígenas de la sabana, conjuró un hechizo maligno de tempestades furiosas que desató lluvias interminables que inundaron todo el territorio.

Huitaca fue convertida en lechuza por atentar contra el pueblo muisca. Foto: Fundación Humedales Bogotá.

Bochica, esposo de Huitaca y que veneraba a los muiscas, ignoraba las acciones malévolas de su compañera de vida. Cuenta la leyenda que el hombre de cabello y barba blancas fue quien les enseñó a cultivar maíz y tejer. Los indígenas lo veían como un tipo de mesías que les daba buenos consejos.

Al percatarse de los desastres ocasionados por Huitaca, Bochica decidió convertirla en lechuza para que divisara la sabana durante las noches. Luego, con una vara dorada, rompió el montículo rocoso que tenía represada al agua, formando así el Salto de Tequendama.

La lechuza de campanario anida en los sitios más de las edificaciones. Foto: SDA.  

Pasaron los años y la lechuza quedó estigmatizada como si se tratara de un ser del mal. Según la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA), en Bogotá estas aves sufren de la persecución humana debido a mitos urbanos asociados a las brujas, demonios o mala suerte. “Además, ha sido utilizada con fines ornamentales”.

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El misticismo de esta ave ha evitado que la ciudadanía conozca el rol que cumple en los ecosistemas, como controlar la población de roedores que habita en los 15 humedales de la capital del país. La lechuza de campanario es la guardiana nocturna de estas esponjas que regulan los acuíferos y brindan refugio a la flora y fauna nativa.

A pesar de los ataques de la ciudadanía, la lechuza de campanario sobrevive en la sabana de Bogotá. Foto: Parque Jaime Duque. 

Esta ave rapaz pertenece a la familia Tytonidae y a la especie Tyto alba. Su cara es de color blanco, donde resalta un disco en forma de corazón. Las plumas de la coronilla, espalda y alas son marrones oscuros y es de hábitos nocturnos.

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Habita en las partes altas de los bosques, potreros, prados, parques urbanos con árboles esparcidos, bordes de los canales de agua y humedales. Desde lo más alto de los árboles puede observar con facilidad a sus principales presas, los roedores”, informó la SDA.

Durante el día, la lechuza de campanario tiende a descansar en lugares frondosos y llenos de vegetación. En algunas ocasiones se ha visto reposar y anidar en las cornisas de los edificios o en los campanarios de las iglesias, razón de su nombre común.

La autoridad ambiental rescata a las lechuzas que son víctimas del tráfico de fauna y cautiverio. Foto: SDA. 

“Tradicionalmente pone entre tres y cuatro huevos por postura, pero algunas han puesto hasta 15 en una nidada. La esperanza de vida de una lechuza común es de dos años, sus crías se hacen adultas rápidamente y muchas se aparean a los 10 meses de edad”, manifestó la entidad.

Es una de las aves con mayor distribución en todo el planeta, ya que puede habitar en lugares con alturas desde los cero hasta los 3.500 metros sobre el nivel del mar. Hace presencia en todos los continentes, excepto en la Antártida. 

La SDA sensibiliza a la ciudadanía sobre las especies de la fauna más representativas de Bogotá.

La Fundación Humedales Bogotá manifestó que la lechuza de campanario fue bautizada por los ancestros como la guardiana de la noche. “Es la única lechuza reportada para Colombia, un país que es megadiverso en aves”.

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Según la organización ambiental, esta ave puede llegar a medir hasta 30 centímetros y pesar 350 gramos. “Tiene un aspecto bastante característico, como su cara en forma de corazón y totalmente blanca. No presenta dimorfismo entre macho y hembra, es decir que ambos son del mismo tamaño”.

Las lechuzas de campanario no representan ningún peligro para el humano. Foto: SDA.

En Bogotá, la lechuza de campanario abunda en los 15 humedales, al igual que en parques urbanos y en bosques nativos de los cerros orientales y del sur de la ciudad. “Esta ave no representa ningún peligro para el humano, por lo cual el llamado es a cuidarla, respetarla y conservarla”, apuntó la Secretaría de Ambiente.

En el caso de que algún ciudadano llegue a encontrar una lechuza de campanario, al igual que algún representante de la fauna silvestre, lo correcto es dejarla tranquila. “Las personas deben evitar la manipulación directa, no arrojarles objetos ni cogerlas y mucho menos capturarlas para tenerlas en cautiverio. No hay que suministrarles alimento de manera forzada”, aseguró la entidad.

Carolina Urrutia, secretaria de Ambiente de Bogotá, apuntó que la biodiversidad de la ciudad es tan amplia que goza de especímenes que van desde pequeños insectos hasta majestuosas aves como la lechuza de campanario. “Esta es una de las razones por las que la Administración Distrital busca proteger todas las formas de vida”.

La mamá lechuza cuida y abriga a sus crías hasta que se vuelven adultas. Foto: SDA.