De las más de 53.000 especies de árboles del bosque tropical que hay en el mundo, cerca de 7.800 están presentes en Colombia, según el Catálogo de Plantas y Líquenes de la Universidad Nacional. Sin embargo, su futuro y toda la biodiversidad que albergan está en riesgo, ya que son el alimento predilecto de la motosierra deforestadora y de sus motores como la expansión de la frontera agropecuaria, colonización, cultivos ilícitos, minería ilegal y extracción de madera.

Cuando los imponentes árboles de más de 20 metros de altura de los bosques tropicales húmedos y secos desaparecen por la deforestación, los terrenos convertidos en potreros o cultivos son colonizados rápidamente por otras plantas que aprovechan las altas condiciones de luz para convertirse en bosques secundarios, de menor porte y envergadura. Estos ecosistemas ya ocupan más de la mitad de los bosques tropicales en todo el planeta.

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Un equipo de 85 ecólogos de 16 países de América Latina, Estados Unidos y Europa, liderado por investigadores de la Universidad de Wageningen (Holanda), realizó un inventario de estos árboles en 1.800 parcelas de bosques tropicales húmedos y secos secundarios, su gran mayoría abandonadas luego de las actividades agrícolas y pecuarias, con el fin de explicar el rol que cumplen en la conservación de la diversidad.

Foto: Felipe Villegas, Instituto Humboldt.

El estudio, llamado Biodiversity recovery of neotropical secondary forests y publicado en la revista Science Advances, abarcó tierras bajas en 56 sitios de diez países de América Latina, entre ellos Colombia, en bosques secundarios con diferentes tiempo de abandono. El Instituto Humboldt fue la cuota nacional, aportando información sobre bosques secos tropicales en los departamentos de La Guajira y Bolívar.

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Uno de los principales hallazgos es que en 20 años, los reducidos parches de bosque secundario solo pueden recuperar el 34 por ciento de su composición original, es decir que pasarían siglos para que recobren la misma constitución que tenían cuando eran bosques antiguos; o peor aún, tal vez nunca lo logren.

"Si bien los bosques secundarios jóvenes contribuyen a la conservación de la biodiversidad en estos paisajes modificados, no contienen muchas de las especies que se encuentran en los bosques bien conservados. Por lo tanto, los bosques secundarios y antiguos deben preservarse para garantizar la conservación de la biodiversidad en paisajes modificados por el hombre", dijo Lourens Poorter, líder de la red de 2ndFOR.

Otro resultado es que los bosques secundarios recuperan buena parte del número total de especies en un par de décadas. Según Danaë Rozendaal, autora principal del estudio, fue impresionante descubrir que son necesarios 20 años para que 80% de la riqueza de especies de estos bosques se recupere.

“En promedio, para recuperar la totalidad de especies en bosques bien conservados, son requeridas cinco décadas de abandono. Esto enfatiza la importancia de los bosques secundarios para la conservación de la biodiversidad en los paisajes tropicales modificados por el hombre”, apuntó.

Larga espera

Alma Hernández, Susana Rodríguez-Buriticá, José Aguilar, Natalia Norden y Hernando García, investigadores del Instituto Humboldt, fueron los co-autores colombianos de este nuevo aporte científico, el cual identificó que los bosques en el departamento de Bolívar han experimentado menos cambios en su extensión en los últimos 26 años que los de La Guajira.

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“Estos análisis proveen cifras que dan una idea más precisa de cuánto tiempo tardan los bosques en recuperarse luego de una perturbación. Ahora sabemos que esa cifra es enorme ya que, en promedio y luego de una tala, pueden pasar casi 800 años para que un bosque recupere las especies originales, dijo Natalia Norden, co-autora del estudio e investigadora del Programa de Ciencias de la Biodiversidad del Humboldt.

Apuntó que son necesarias acciones adicionales dirigidas a la reintroducción de especies típicas de las coberturas más antiguas, “así como la conservación de los parches remanentes de bosque seco con el fin de garantizar la persistencia de este ecosistema en el largo plazo".

Foto: Felipe Villegas, Instituto Humboldt.

Por su parte, Susana Rodríguez-Buriticá, investigadora del Humboldt, considera que en paisajes tan transformados como los de la región Caribe, en donde hay un mosaico de bosques en diferentes condiciones de degradación, reconocer el valor ecológico es clave para desarrollar estrategias de conservación más efectivas.

Los expertos indicaron que este estudio tiene implicaciones directas en temas de manejo forestal, pues en la regeneración natural habría gran potencial para restaurar grandes áreas de bosque debido a su bajo costo en comparación con la plantación directa de árboles.

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Según lo establecido en el Desafío de Bonn, iniciativa en la que participa Colombia con el compromiso de restaurar un millón de hectáreas a 2020, la meta planetaria es recuperar 350 millones de hectáreas de bosque en 2030.

“Hay una recuperación rápida en riqueza de especies pero lenta en cuanto a la composición. La regeneración es más acelerada en los bosques húmedos que en los secos. Esto permite inferir que los bosques secos secundarios de Colombia tendrían un restablecimiento paulatino por su limitada disponibilidad de agua”, concluyeron.

Agonía del bosque seco nacional

Originalmente, Colombia contaba con más de 9 millones de hectáreas cubiertas por bosque seco tropical, panorama que a la fecha no supera las 720.000 hectáreas (8% del país). Por eso, el Humboldt lo considera como uno de los ecosistemas más amenazados.

El Caribe es la región colombiana con mayor extensión de bosque seco, el cual es conservado gracias a la presencia de áreas protegidas como los Parques Macuira, Los Colorados, Tayrona y El Ceibal.

Foto: Felipe Villegas, Instituto Humboldt.

Según la Red de Investigación y Monitoreo del Bosque Seco en Colombia, hay 306 especies de árboles de este ecosistema en el Caribe. En La Guajira, solo una hectárea de bosque puede albergar 45 especies de plantas leñosas, cifra que en Bolívar asciende a 103, entre árboles, arbolitos, lianas, arbustos, y cactus.

Pero lo poco que ha logrado sobrevivir está en serios aprietos. El último reporte de deforestación del Ideam, del cuarto trimestre de 2018, indicó que la región Caribe concentró 8,6% de todas las alertas a nivel nacional, con mayor afectación en los Montes de María y los municipios de San Juan Nepomuceno y El Carmen de Bolívar.

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Los bosques secos tropicales son ecosistemas estratégicos para la conservación, que albergan una diversidad biológica de flora y fauna única, adaptada a niveles considerables de estrés hídrico (cuando la demanda de agua es mayor a la cantidad disponible durante un periodo determinado).

*Este es un producto periodístico de la Gran Alianza contra la Deforestación. Una iniciativa de Semana, el MADS y el Gobierno de Noruega que promueve el interés y seguimiento de la opinión pública nacional y local sobre la problemática de la deforestación y las acciones para controlarla y disminuirla.