Cinco años han pasado desde que el Consejo de Estado ordenó que se comenzara a descontarminar el río Bogotá. Un lustro después, la degradación de este cuerpo de agua y sus afluentes persiste, pese a los esfuerzos gubernamentales e institucionales por contrarrestar esta problemática. 

De eso dan cuenta los habitantes de Suesca, quienes aseguran que la degradación del río ha ido creciendo. "Hemos hecho varios recorridos, a través de los cuales nos percatamos que no hay ninguna mejoría", indicó Mauricio Franco, habitante de Suesca, tercer municipio de Cundinamarca por donde pasa este afluente, luego de su nacimiento en el páramo de Guacheneque y tras haber recorrido las poblaciones de Villapinzón y Chocontá.  

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Según este veedor ciudadano la cuenca alta del río ya fue contaminada también. "Era la única parte parte limpia que el quedaba", dijo. Por eso, al observar como en abril de 2018 el agua bajaba negra y con un olor nauseabundo frente a su casa, ubicada a unos 100 metros de este cuerpo de agua, Franco decidió buscar la causa. 

En su vehículo condujo por todo el lecho aguas arriba. Luego de varios kilómetros encontró respuesta: por un canal de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (Ptar) de Chocontá salían grandes cantidades de aguas negras directamente al río, sin filtro ni control. De inmediato, decidió enviar los videos y fotos que tomó a la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) para que se adoptaran las medidas a las que hubiera lugar. 

Una mancha negra como esta bajó por el río Bogotá el pasado 26 de febrero. Foto: Mauricio Franco. 

Superada la emergencia, todo volvió a la normalidad, hasta que hace casi un mes volvió a registrarse el mismo fenómeno y luego de indagar, él y otros habitantes de esa región, quienes conforman una veeduría ciudadana, lograron establecer que la contaminación provenía del mismo lugar: la Ptar. De allí -aseguran- se producen descargas, especialmente los viernes en la tarde.

"Es una verdadera cloaca. Entre Villapinzón y Chocontá el río está muerto. Nosotros sufrimos por los malos olores y la proliferación de vectores. Los desechos de las curtiembres siguen contaminando las aguas con sus químicos. Le solicitamos a la CAR que actúe eficazmente, que den respuestas serias, que indiquen cómo se han gastado los recursos, en últimas que den soluciones reales y serias", expresó Franco.

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La Ptar de Chocontá fue construida en 1995 no tiene la capacidad suficiente, por lo que las aguas industriales y domésticas terminan siendo vertidas en el río cuando llueve mucho. La planta tiene una eficiencia de entre 50 y 60%, según las autoridades, lo que significa que no cumple a cabalidad con su función, debido a factores como el tipo de tecnología que usa, su antigüedad y el crecimiento poblacional del municipio. Por su parte, Villapinzón (primer municipio por donde pasa este afluente tras su nacimiento) no cuenta con una planta de tratamiento, lo que empeora el problema. Se tiene prevista su construir hasta 2020, en un proyecto que podría llegar a costar alrededor de 15.000 millones de pesos, y cuyo valor de operación puede resultar excesivamente alto para una población tan pequeña. 

Las aguas negras de los municipios ubicados en la cuenca alta del río, generan una carga contaminante bastante alta para este afluente. Foto: Mauricio Franco

Fernando Vásquez, director general de la Fundación Al Verde Vivo, cree que el fallo sirve, pero no se cumple por lo que termina siendo una metáfora. "En Colombia ya no solo se violan las leyes, sino que se incumplen y violan las sentencias. Esta, particularmente, pese a las imperfecciones que tiene, resultaría útil para recuperar el río Bogotá si se ejecutara", comentó. 

Para el veedor ciudadano los 450 millones de dólares que dicen las autoridades han sido invertidos en la adecuación hidráulica del río, se han perdido. "En el año 1997, cuando hicimos la primera navegación por el río el oxígeno disuelto en el agua era igual a cero y en el 2015, cuando adelantamos la cuarta navegación, el oxígeno seguía siendo cero. ¿Eso qué significa?", recalcó. 

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Vásquez, quien aseveró que la fundación que él orienta hace parte del comité de seguimiento de la acción popular que fue interpuesta en 1994 y que fue fallada 20 años después (2014), consideró que aunque es increíble que una sentencia haya durado tanto tiempo en ser resuelta para una situación tan prioriatria. Sin embargo, es mejor eso a nada. 

"La sentencia filosóficamente tiene una concepción equivocada porque se habla de descontaminar el río Bogotá y no se trata de eso; se trata de no contaminarlo más", dijo Vásquez. Para el director de Al Verde Vivo es increíble que a solo ocho kilómetros del nacimiento de este afluente sus aguas ya sean contaminadas con las aguas negras de Villapinzón. 

"En el primer municipio de la cuenca alta del río Bogotá no hay Ptar, cosa que es absurda. Esto significa que de ahí para abajo todo lo que se haga no sirve para nada. Se debe resolver el problema desde arriba en el naciomiento", expresó. 

El consultor para el Banco Mundial y Naciones Unidas, Juan Pablo Ruiz, entre tanto, afirmó que la existencia de la sentencia del Consejo de Estado sí, de alguna manera, ha influido para que algunas entidades tengan que tomar responsabilidad frente a sus tareas en relación al río Bogotá. "No diría que la sentencia ha significado un cambio radical en el proceso de descontaminación, pero evidentemente encontramos que ya hay reacciones frente a las presiones ciudadanas", comentó.

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Ruiz estimó que hay casos en los cuales el fallo ha sido útil y otros en los que no. "Los municipios poco han cumplido, pero además hay un tema crítico y es que las Ptar no solo hay que construirlas, sino tenerlas operando, ya que de lo contrario no tendremos ningún impacto ambiental positivo. Deben tener una gestión de manejo que nos permita generar el impacto esperado. El seguimiento al manejo de las Ptar es muy importante y ese es un tema que hay que trabajar. Allí la CAR tiene una responsabildiad muy importante", resaltó.  

El experto explicó que si realmente se quiere revivir el río se debe recuperar su dinámica hidráulica natural, es decir, los humedales y espacios de inundación para que vuelvan a ser zonas de regulación. "Hay lugares que han sido demasiado transformados. Existen, por ejemplo, universidades que están edificadas sobre zonas que hacen parte del regulador natural del río, inclusive áreas de ganadería y espacios de floricultura que pertenecen a la ronda. Ese es el componente de la sentencia más precario en términos de su implementación", puntualizó. 

Para los expertos es necesario que se recuperen los humedales y los espacios de inundación del río para que vuelvan a ser zonas de regulación. Foto: Mauricio Franco. 

Néstor Franco, director de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, CAR, es consciente que varios municipios de la cuenca alta continúan sumándole una alta carga contaminante al río. El funcionario señaló que las industrias del cuero ubicadas en Villapinzón y la Ptar de Chocontá siguen siendo un problema latente. 

"En Villapinzón existen más o menos censadas unas 100 industrias del cuero, entre pequeñas y medianas, de las cuales 30 ya están legalizadas y han realizado el proceso de reconversión industrial de sus vertimientos. Otras 30 están en proceso de formalización, así como hay otras que no han querido o no han podido, por lo que siguen vertiendo directamente al río", explicó. 

El director de la CAR también subrayó que hay poblaciones que no tienen modernizadas sus Ptar o simplemente no tienen, como es el caso de Villapinzón."Chocontá tiene una planta deficitaria, que no cumple con los estándares, por lo que todavía estamos vertiendo al río. En los últimos días la mala operación de este sistema ha llevado a incrementar este problema", recalcó. 

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Pero, pese a los obstáculos, el director de la CAR aseguró que la sentencia del Consejo de Estado sí ha sido efectiva. "Con el fallo se logró identificar a todos los actores que tenían que ver con el río Bogotá y el rol que tenían cada uno frente a este afluente. A partir de esa identificación se pudieron asumir unas responsabilidades y actuar de manera mancomunada. Lo que hace la diferencia entre un buen o mal proyecto es si las entidades se hablan o no. La garantía de que estemos logrando los resultados es que las entidades entre sí nos hemos acercado y reconocido qué tenemos que poner. A unas nos ha tocado más duro que a otras y en eso hay que reivindicar el hecho de que los mayores aportantes a la recuperación del río Bogotá han sido la CAR y la Administración Distrital. El gobierno nacional ha sido poco generoso", manifestó. 

Se requiere la construcción y puesta en operación de las Ptar en los municipios para reducir los índices de contaminación. Foto: Mauricio Franco.  

Néstor Franco considera que el cumplimiento de la sentencia va bien. "Tenemos un comité de verificación liderado por la magistrada Nelly Yolanda Villamizar que tiene la capacidad de hacer eficaces las órdenes de la sentencia. En este sentido la Procuraduría ha jugado un papel muy importante. Creo que es un fallo que se ver con resultados, se pueden medir y no quedó en letra muerta", puntualizó. 

Opinión que comparte Antonio Rodríguez, gerente del Banco Mundial, principal financiador de una gran parte de las obras con las que se pretende descontaminar el río, quien afirmó estar satisfecho con los resultados observados, luego de haber adelantado una inspección durante tres días. "En la auditoría vimos que el Parque Metropolitano Ptar El Salitre registra un avance del 100%, con respecto a su base. Actualmente, se están plantando árboles y se están construyendo senderos. En lo que se refiere a la planta de tratamiento, vemos que tiene un avance de 65% en obra civil y lleva bien adelantado su cronograma de trabajo”, explicó Rodríguez.

Se tiene previsto que la Ptar de el Salitre, que comenzó a ser construida en 2018, entre en funcionamiento en 2021. Para la ampliación de este proyecto el Banco Mundial desembolsó en 2011 un crédito por 250 millones de dólares a la CAR. Esta obra evitará que cerca de 450 toneladas mensuales de basuras llegue al río. 

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En cuanto al parque lineal, desde la CAR informaron que la primera fase será entregada a comienzos de abril. Esta etapa comprende la construcción de embarcaderos y plazoletas a lo largo de 40 kilómetros de la ronda del río Bogotá, así como de senderos, un monitoreo tecnológico entre Soacha y la calle 80 y la instalación de cámaras de seguridad.  

Todos estos resultados contrastan con la condición actual del río, a su proceso de descontaminación le falta aún un largo camino por recorrer. De eso dio cuenta la Procuraduría, a finales de 2017, en su cuarto informe de seguimiento, en el que determinó que tan solo se habían cumplido hasta ese instante un 31% de las órdenes establecidas en la sentencia por parte de las 64 entidades de nacionales, departamentales y locales que cobija el fallo.