Los ganaderos del Vichada las llaman ‘taras’. Y tal como sus primas africanas, estas andan en grupos de miles devorando pastos y cultivos de maíz, arroz y caña de azúcar, especialmente en los Llanos Orientales. Es un hecho que estos insectos no están solo en África, Asia o en el Cono Sur.

“Hay zonas superpobladas y, al pasar, se levantan y cubren el cielo. Es algo impresionante”, cuenta José Restrepo Chebair, ganadero del Vichada que tiene una finca en el sector de La Venturosa, a 180 kilómetros de Puerto Carreño.

Desde hace cinco años la tara ha venido aumentando en número. Tiende a proliferar cuando entra la temporada de lluvias, que va de abril a julio. Restrepo se queja de que ni el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), ni la gobernación, ni las alcaldías le han puesto atención.


Ganaderos del Vichada vienen denunciando la proliferación de langostas o taras en esa región del país en los últimos años. Estas imágenes corresponden a la finca Witzara, cerca al corregimiento La Venturosa, a 180 kilómetros de Puerto Carreño (Vichada). Video: Omar Inocencio /mayordomo de una finca en Vichada.

Para él su proliferación se ha dado porque los campesinos de esa región no cuentan con los recursos técnicos, las herramientas ni el dinero para comprar los insecticidas con los que se podrían combatir, a diferencia de otras zonas del país donde son contrarrestadas de una mejor manera. “Si el Gobierno nacional no le presta atención, esto se podría convertir en un problema mayor”, sostiene.

Lo cierto es que el tema va más allá de los cultivos. Óscar Iván Forero Azabache, zootecnista de Puerto Carreño, dice que las taras también afectan a los cerdos, que se las comen cuando están en una fase denominada solitaria y se comportan como los saltamontes.

Entonces, “la carne sabe maluco, pese a que el color es muy bonito. Eso hace que las ventas se caígan”, explica Forero. Las taras desaparecen con los vientos entre agosto y octubre. Afirma que la gente no reporta su presencia a las autoridades sencillamente porque las fincas quedan muy lejos de los centros poblados.


Esta es la langosta que se puede encontrar en el Vichada y gran parte de los Llanos Orientales. Foto: Federico Córdoba/ganadero del Vichada.  

El Instituto Humboldt dice que hay al menos seis especies de langostas registradas con presencia en Colombia. Y no están solo en los Llanos; algunas han aparecido en Antioquia, Atlántico, Caldas, Cundinamarca, Sucre, Tolima y Valle.

Según esa entidad existen aproximadamente 50 especies del género schistocerca, perteneciente al orden orthoptera (donde están los grillos, saltamontes, machaca o caballitos), de la familia de acrididae, conocidos popularmente como langostas, saltamontes o chapulines. De ese género existen varios registros en el país en diferentes bases de datos. 

En Orthoptera Species File (OSF) se encuentran reportadas, por ejemplo, la schistocerca diversipes; schistocerca gorgona; schistocerca pallens y schistocerca nitens nitens, mientras que en la base de datos de la Colección Taxonómica Central de Agrosavia están catalogadas la schistocerca nitens nitens (Valle del Cauca, 1968) y la schistocerca pallens (Atlántico, 1957, y Nariño, 1978).

Entre tanto, en la publicación de Cardona- Granda de 2012, fue registrada la schistocerca impleta


Las langostas no solo hacen presencia en África y Suramérica, también han sido reportadas en Asia. En Katmandú, la capital de Nepal, una mujer sostiene una langosta después de atraparla. Foto: Prakash Mathema /AFP

Las colombianas

Los científicos identificaron tres especies nativas en el país: una en la isla de Gorgona (schistocerca gorgona), otra en el Magdalena (schistocerca diversipes), y la langosta llanera (rhammatocerus schistocercoides), autóctona de la Orinoquia colombo-venezolana.

Frente a la preocupación por la llegada de las langostas que arrasan cultivos en Argentina, Paraguay y Brasil (schistocerca cancellata), el Humboldt sostuvo que esa especie ya está en Colombia. “No tenemos registros del impacto causado por esta especie en el país. No obstante, algunos reportes aislados dan cuenta de la presencia de dos especies: la schistocerca impleta (1870) y la schistocerca paranensis (1861), que hoy en día son sinónimo de schistocerca cancellata”, destacaron.

Desde el instituto señalaron que, a diferencia de lo que viene ocurriendo en los países del Cono Sur, en donde hay estaciones climáticas, en Colombia no se producen grandes migraciones de esta especie de insectos ni de los tamaños registrados en otras naciones, debido a la establidad del clima que se presenta en el país. 

El instituto aclaró que diferentes factores pueden favorecer los picos poblacionales de esta clase de insectos, entre estos el clima. En este caso, la abundancia de lluvias, pero advirtió que por esa razón no se les podía catalogar como plaga. 

"Las plagas son una concepción humana. Se le denomina así a aquello que causa desde un malestar hasta un efecto o impacto negativo a los intereses de los humanos, el cual puede ser de importancia económica. Nosotros como seres humanos con cualquier cambio en el ambiente natural podemos generar un desequilibrio de las poblaciones naturales y las especies que luego puede jugar en nuestra contra", resaltan desde el Humboldt. 


Las langostas del desierto pueden recorrer 150 kilómetros en un día. Foto: FAO 

Gonzalo Andrade, director del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, sostuvo que el único registro de langosta que esa entidad tiene es el de la tucura quebrachera (tropidacris collaris), una especie de saltamontes.

A diferencia de las langostas que desarrollan la capacidad de formar mangas (como si fueran enjambres) y dispersarse hasta cientos de kilómetros, las tucuras tienen hábitos solitarios y no se movilizan por grandes distancias.

“En Colombia migra mucho esta especie de langostas, cuyo tamaño oscila entre 10 y 12 centímetros, en los Llanos Orientales. Tienen un aparato bucal de tipo masticador, por lo que pueden arrasar con cultivos completos. Es muy común encontrarla en la época de lluvias por los lados de Puerto López y Acacías”, explicó Andrade.


Para los ganaderos esta es una enfermedad del campo y se debería tratar como la aftosa por parte del Gobierno nacional. Video: archivo particular. 

Las aves y reptiles son sus predadores naturales, según Andrade, pero ante la pérdida de su hábitat por fenómenos como la deforestación para la adecuación de tierras para la ganadería o la agricultura, esos controladores naturales se han visto obligados a migrar y no cumplen con su función ecosistémica. 

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU describe a las langostas como la plaga migratoria más peligrosa del mundo, que amenaza con matar de hambre a 12 millones de seres humanos. Y no es para menos: un enjambre de un kilómetro cuadrado, compuesto por unos 150 millones de insectos, bien puede acabar con el alimento de 35.000 personas.