La declaratoria de emergencias por la presencia de partículas tóxicas en el ambiente de Bogotá se está volviendo una constante: en los últimos doce meses se han declarado tres emergencias por este fenómeno.

Hasta ahora el radar se ha puesto sobre las emisiones de los vehículos de carga y de las industrias, así como a condiciones meteorológicas entre las que están las reducidas precipitaciones, las altas temperaturas, la radiación solar y la presión atmosférica.

Sin embargo, muy poco se ha hablado respecto a los índices de tala de árboles en Bogotá y del impacto que esto tiene en la salud de los habitantes de la ciudad.

 Cifras de tala y sembrado de árboles en Bogotá

De acuerdo con datos del Sistema de Información para la Gestión del Arbolado Urbano (Sigau), administrado por el Jardín Botánico de Bogotá, solo entre 2008 y 2019 fueron talados 42.215 árboles.

Según Herman Martínez, exdirector del Jardín Botánico, al interior de las áreas urbanas suele haber una densidad de 700 árboles por hectárea, con lo cual, los árboles talados en esos doce años equivaldrían a 84 veces la cancha de fútbol del Estadio El Campín.

En ese mismo periodo –y usando cifras del Sigau– fueron sembrados, a modo de compensación, 169.953 árboles en la ciudad.

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Los datos del Sigau están disponibles desde el año 2007. Desde esa época Bogotá ha tenido tres alcaldes en ejercicio y una alcaldesa encargada: Samuel Moreno (2008-2011), Clara López (2011), Gustavo Petro (2012-2015) y Enrique Peñalosa (2016-2019).

Respecto al manejo silvicultural –como se conoce técnicamente a la tala– durante el Gobierno de Samuel Moreno y Clara López se derribaron 8721 árboles, algo así como seis unidades diarias.

En el mandato de Gustavo Petro se talaron 13.386, para un promedio de nueve árboles al día. Mientras que en la alcaldía de Enrique Peñalosa se tumbaron 20.108 unidades, lo que da casi 14 árboles diarios.

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Las causas de dichas talas son diversas y entre ellas se encuentran la avanzada edad de los árboles, así como el otorgamiento de permisos y autorizaciones a particulares y entidades públicas para tumbarlos.

De las tres administraciones, la de Samuel Moreno y Clara López fue la que más árboles sembró, con un total de 78.692. Petro y Peñalosa, por su parte, plantaron casi la misma cantidad: 44.639 el primero y 46.622 el segundo.

Estos datos son relevantes porque existe un promedio, comúnmente aceptado entre los expertos en medioambiente, el cual señala que un árbol talado se debe compensar, por lo menos, con tres nuevos.

Alcalde

Año

Árboles sembrados

Árboles talados

Promedio árboles talados/sembrados

Samuel Moreno

2008

15489

1308

11,8

Samuel Moreno

2009

22038

1550

14,6

Samuel Moreno

2010

22314

1552

14,3

Samuel Moreno y Clara López (e)

2011

18851

4361

4,3

Gustavo Petro

2012

7135

1411

5

Gustavo Petro

2013

9050

2949

3

Gustavo Petro

2014

12095

3683

3,2

Gustavo Petro

2015

16359

5343

3

Enrique Peñalosa

2016

10492

3428

3

Enrique Peñalosa

2017

10111

4686

2,1

Enrique Peñalosa

2018

9601

5960

1,6

Enrique Peñalosa

2019

16418

6034

2,7

Fuente: Sigau.

No obstante, varios estudiosos del tema aseguran que así se cumpla con ese promedio, hay variables que no se están teniendo cuenta y que causan que el impacto ambiental negativo sea enorme.

Por ejemplo, la primera edición del informe ‘Arbolado urbano de Bogotá: identificación, descripción y bases para su manejo’, publicado por la Secretaría de Ambiente, sostiene que “en Bogotá la tasa de mortalidad de los árboles jóvenes plantados ha llegado a alcanzar hasta el 40 por ciento, ocasionada por acciones humanas, mientras que la mortalidad promedio por causas naturales es de un 10 por ciento”.

De esta manera, muchos de los árboles nuevos que se siembran a modo de compensación mueren antes de hacer su aporte para limpiar el aire de la ciudad.

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Por otra parte, Eduardo Bermúdez, expresidente de la Asociación Colombiana de Ingenieros Forestales, asegura que “es imposible pensar que la plantación de árboles nuevos y pequeños pueda compensar un árbol de 30 o 40 años”.

De hecho, un estudio dirigido por el propio Bermúdez encontró que la ciudad tiene un arbolado relativamente joven debido a que los procesos de reforestación se comenzaron a hacer, de forma más o menos rigurosa, desde finales de los años 80.

Es decir, la edad promedio de los árboles bogotanos ronda los 30 años y según el académico, “se considera que el aporte para el mejoramiento ambiental de un árbol muy joven o de uno bastante adulto es bajo, comparado con un árbol que tiene una edad de entre 15 y 30 años”.

Un concepto similar tiene Luís Jairo Silva, exdecano de la Facultad de Medio Ambiente de la Universidad Distrital y socio fundador de la Asociación Colombiana de Arboricultores (ACA), quien asegura que “entre más hojas tenga un árbol, mayor cantidad de dióxido de carbono va a fijar y eso no se puede comparar con los escasos centímetros cuadrados de hojas de una especie nueva”.

Así mismo, el académico recuerda que los árboles no solamente fijan partículas de dióxido de carbono, toda vez que su presencia en masa al interior de una urbe influye para regular los niveles de radiación solar y sirve de ecosistema para diferentes especies de aves, entre otros beneficios.

¿Por qué las alertas se ha concentrado en algunos sectores de Bogotá?

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en un artículo que comparó la cantidad de árboles con el número de casos de enfermedades respiratorias reportadas en varias ciudades, concluyó que cada centro urbano debería tener, por lo menos, un árbol por cada tres habitantes.

Con base en esa recomendación, la capital de la república tendría que contar con 2.400.000 árboles. Si se tiene en cuenta que en la ciudad hay aproximadamente 1.300.000 árboles sembrados, habría un déficit de 900.000.

De acuerdo con Herman Martínez, la localidad con menos árboles es Bosa: “Allí hay un árbol por cada 20 habitantes”. Mientras que la localidad de Kennedy “tiene un árbol por cada 10 personas que la habitan”.

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Justamente, en Kennedy y Bosa es donde se han concentrado los mayores niveles de contaminación y las correspondientes alertas –amarillas y naranja– emitidas entre febrero de 2019 y el mismo mes de 2020 por la Secretaría Distrital de Ambiente.

Lo más preocupante, asegura Martínez, es que “la única localidad de Bogotá que cumple con el promedio de árboles por habitante es Teusaquillo”.

Si bien hasta ahora no se conocen estudios o investigaciones que demuestren la relación entre la carencia de árboles y los niveles de contaminación, sí llama la atención que la presencia de partículas contaminantes se concentre en aquellos espacios con menos plantas.

Es hora de fortalecer procesos de reforestación

Un censo dirigido hace 12 años por Luís Jairo Silva determinó que cerca del 70% de los árboles que hay en Bogotá son especies introducidas y eso afecta el equilibrio ecológico porque, sostiene el experto, “por eso es que no encontramos suficiente abundancia de aves, insectos o mariposas que vivían aquí antes de que se talaran los bosques naturales”.

Su consejo es centrar la reforestación con especies nativas de la zona en la que está ubicada Bogotá y evitar al máximo la tala de los árboles: “La plantación tiene que ser tan técnicamente asistida que no puede permitir que ese árbol se tale en pocos años”.

 Por su parte, Herman Martínez recuerda que el último estudio realizado por el geólogo holandés Thomas Van der Hammen en Colombia fue documentar los árboles que encontraron los conquistadores españoles al momento de su llegada a Bacatá –zona en la que hoy se ubica Bogotá– y el resultado fue que había cerca de 167 especies nativas.

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 “Yo creo que nosotros, en un trabajo de arborización en Bogotá, tenemos que llegar a plantar esas 167 especies”, asegura.

De igual manera, los ciudadanos juegan un papel muy relevante en todo esto, ya que cuatro de cada diez árboles jóvenes que se siembran en la ciudad son dañados por los habitantes de la ciudad y si esto persiste, no habrá proceso de reforestación que funcione.

*Periodista. Magister en Comunicación
@sareyesdiaz