* Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.

A comienzos de septiembre, un video difundido por las redes sociales dejó perplejo a los colombianos. Un ciudadano del Valle del Cauca golpeaba con una chancla a una zarigüeya en el hocico, animal que tenía todas sus cuatro extremidades extendidas y amarradas a dos palos.

El pequeño mamífero de cola larga recibió cinco duros golpes con la chancla en su rostro y una fuerte cachetada. En el video se escucha con claridad las risas de los demás testigos del maltrato animal y la constantes groserías de su verdugo, una barbaridad impuesta supuestamente por comerse unos pollos.

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El dantesco cuadro de la indefensa zarigüeya puso sobre la mesa el rechazo que padece este marsupial por parte de los colombianos. Según la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), este animal es tildado por varios ciudadanos como una plaga invasora, maloliente y dañina.

 

La zarigüeya está entre los animales más agredidos por el hombre. Foto: Gabriela Robayo.

Didelphis pernigra, también conocida como chucha, runcho y fara, es perseguida, cazada y sacrificada por la población, impactos a los que se suma el atropellamiento en las vías sin ninguna compasión. Esto se debe a que muchas personas la confunden con ratas, algo que no es cierto a pesar de su parecido”, dijo la autoridad ambiental.

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En las zonas rurales, la zarigüeya andina es atacada cuando busca alimento en los corrales de los animales domésticos. “Incursiona en los gallineros donde degüella las gallinas, come una pequeña porción de carne y deja entero el resto del cuerpo. Esto ha causado enfrentamientos con el hombre”, anotó la CAR.

Aunque su carne no está catalogada como comestible, la CAR expresó que en algunas partes de Colombia los campesinos han ideado la forma de preparar su carne de manera que no se activen las glándulas que producen el mal sabor. “Se le conoce como carne de monte”.

Cada vez son más frecuentes los atentados de la ciudadanía contra las zarigüeyas. Foto: Gabriela Robayo.

Uno de los principales hábitats de la zarigüeya son los ecosistemas de humedal que alberga Bogotá, sitios donde la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA) ha registrado varios impactos causados por la mano del hombre.

“Hemos registrado la presencia de la zarigüeya andina (Didelphis pernigra) en los humedales de Tibanica, Jaboque, Torca-Guaymaral, Córdoba y La Conejera, los cerros orientales y tejados y jardines del área urbana. Sin embargo, cuenta con varias amenazas como envenenamiento, agresiones humanas, caza y atropellamientos”, aseguró Carolina Urrutia, secretaria de Ambiente.

Muchos ciudadanos confunden a la zarigüeya con una rata, razón por la cual es agredida. Foto: CAR. 

Los perros también hacen parte de los verdugos de este mamífero silvestre. En Cota, municipio de Cundinamarca que alberga al cerro Majuy, es cada vez más frecuente encontrar zarigüeyas atacadas por los canes.

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Las zarigüeyas son atacadas constantemente por los canes que dejan sueltos en las casas de las zonas rurales y urbanas. Este año encontramos una muerta en una vía con varias heridas causadas por las mordidas de los perros, quienes ingresan al cerro Majuy. Hay que mantener controlados a los perros, pasearlos con correa y no en las montañas”, mencionó  Gabriela Robayo, directora de la Fundación Rescate Animal Colombia.

Muchas crías quedan huérfanas cuando las zarigüeyas hembras mueren por los ataques de los perros. Foto: Gabriela Robayo.

Conózcala y protéjala

La zarigüeya es un marsupial robusto con pelaje erizado, que en algunas ocasiones presenta una cresta que se extiende por la columna con tonos negros o grises y jaspeado blanco. No es un roedor, sino un marsupial omnívoro, pariente de los canguros y koalas, que pertenece a la familia Didelphidae, la cual incluye 19 géneros y 95 especies reconocidas en el mundo. 

Una de sus mayores características es su extensa cola, que oscila entre los 29 y 43 centímetros. “Por eso, podemos decir que todo su cuerpo puede alcanzar una longitud de hasta 90 centímetros aproximadamente. Su peso está entre los 500 y 2.000 gramos”, indicó la SDA.

Las autoridades ambientales se encargan de curar las heridas de las zarigüeyas. Foto: Corpochivor.

Cuenta con un vientre de color gris y extremidades negras. La planta de sus patas son despigmentadas o rosadas y su cabeza es blanca. Las mejillas se tornan de tonos blancos a beige. Este marsupial tiene una franja oscura de forma triangular, que se extiende desde la nuca hasta la punta de los ojos. 

“Una de las características de la zarigüeya son las franjas negras que nacen alrededor de sus ojos y se extienden hacia la nariz, lo que simula y aparenta un antifaz. Otras de las peculiaridades físicas de este marsupial son los tonos blancos y amarillentos de sus orejas”, menciona la Secretaría de Ambiente.

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Las hembras tienen una bolsa marsupial bien desarrollada, un hogar cálido donde puede alojar hasta cinco crías por camada. Su periodo de gestación es de 12 días y posteriormente los embriones migran hacia el marsupio en donde son amamantados y continúan su desarrollo durante más de dos meses aproximadamente.

La zarigüeya es crucial para el reverdecer de los bosques. Foto: Corantioquia. 

“La zarigüeya andina es omnívora, se alimenta de frutos, invertebrados y pequeños vertebrados como lagartijas, pájaros y roedores, dependiendo de la disponibilidad de recursos. Son presas de serpientes, aves rapaces, felinos y perros silvestres; como mecanismo de defensa muestra sus dientes, emite sonidos y un olor desagradable”, precisó Urrutia.

La CAR informó que este marsupial, que carga a sus crías en el lomo, devora con sus potentes dentaduras mamíferos pequeños, huevos, pájaros, reptiles y vegetales, pero también come fruta, maíz y raíces. 

Este marsupial ha recibido certeros golpes por parte del ser humano. Fotos: Cornare. 

Es un animal de hábitos nocturnos, solitario y mayormente terrestre, pero también es un buen escalador. Se refugia entre las rocas, cárcavas, troncos huecos, debajo de arbustos secos o en madrigueras abandonadas.

Es ágil y bastante escurridiza. “Se esconde en lugares rocosos inaccesibles y tiene combatividad para enfrentar a sus depredadores. Cuando se ve acorralada, suele hacerse la muerta, quedando quieta, con los ojos vidriosos y la lengua afuera. Despierta sólo cuando ya no se siente en peligro. Algunos expertos dicen que es bastante miedosa, tanto así que sufre de una especie de síncope muy cercano a la catalepsia”, afirma la CAR.

Reverdece el bosque

Estos pequeños marsupiales son indispensables para el equilibrio ecológico de las regiones donde habitan. Son uno de los animales que se encargan de dispersar las semillas de los árboles, es decir que es fundamental para el reverdecer de nuevos bosques.

En buena parte de la sabana de Bogotá, estos animales presentan una alta tolerancia para habitar en espacios altamente modificados, lo que sugiere que este marsupial podría ayudar a mantener funciones ecosistémicas y favorecer procesos de restauración ecológica en lugares deteriorados, donde otras especies silvestres rara vez se aventurarían”, expresó la CAR.

El humedal La Conejera es uno de los hábitats de este mamífero atacado por el hombre. Foto: Fundación Humedales Bogotá.

También es un excelente controlador de insectos y roedores. “La zarigüeya es uno de los dispersores de semillas de plantas pioneras más importantes en los ecosistemas, como los humedales de la capital y los cerros orientales”, indica Urrutia.

La secretaria de Ambiente hace un llamado para que la ciudadanía no siga agrediendo a la zarigüeya y a los otros animales que han logrado sobrevivir en Bogotá. “En caso de encontrarse con un animal silvestre, las personas deben evitar la manipulación directa, no arrojarle objetos que puedan lastimarlo, no cogerlos para mantenerlos en cautiverio o como mascotas y no suministrarles alimento de manera forzada”.

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La CAR se suma al llamado de protección del marsupial. “Nuestra labor es cuidarlos, protegerlos y no verlos como una amenaza: no son sucios, se acicalan constantemente, no son una plaga y mucho menos son mascotas. Tampoco le causan ningún daño al humano. Su hogar son los bosques y allí deben permanecer libres. Dejémoslos vivir en paz y que nos sigan ofreciendo ese hermoso espectáculo de verlos cargar a sus crías”.

La Secretaría de Ambiente sensibiliza a los bogotanos con diversas piezas virtuales sobre la fauna silvestre. Fuente: SDA.

Más cachaca que la changua

La Fundación Humedales Bogotá, organización ambiental que lleva más de una década defendiendo a las esponjas cachacas, recalca que la zarigüeya es una de las especies típicas de los ecosistemas de la ciudad, y no un animal ajeno a la biodiversidad de la capital.

“Algunas personas y medios de comunicación han desinformado sobre esta especie, asegurando que es uno de los animales más escasos en la ciudad y que proviene de tierra caliente, es decir que fue introducido. Eso es totalmente incorrecto”, recalca la fundación.

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Hay varios registros de la zarigüeya en humedales como Torca-Guaymaral, Tibanica, Córdoba, La Conejera y Meandro del Say. “Es el mamífero silvestre más grande que sobrevive en las áreas urbanas y suburbanas de la sabana de Bogotá, y es relativamente común en áreas rurales de los Andes”, complementó Jorge Emmanuel Escobar, director de la Fundación Humedales Bogotá.

La zarigüeya no representa ningún peligro para el humano. Foto: Silvia Rojas.

Además de Colombia, este mamífero habita en los Andes de Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia. “Hemos recalcado mucho en que no se trata de una rata, ya que es de la familia del canguro y al igual que estos, da a luz crías extremadamente subdesarrolladas, las cuales completan su desarrollo en el interior de una bolsa marsupial que el animal tiene en su vientre”, asegura Escobar.

La fundación la cataloga como una especie residente de los humedales de Bogotá, aunque no es fácil de ver. “Su presencia en un recorrido normal por un humedal no es muy frecuente. Los reportes que se tenían en los últimos años, eran en su mayoría individuos muertos, en algunos casos atropellados por carros y otros encontrados sin vida en algunos sectores de los ecosistemas”.

La zarigüeya es uno de los 11 mamíferos que habitan en La Conejera, humedal que más alberga animales de este grupo en Bogotá. “En este ecosistema sólo he logrado ver una zarigüeya en 2015, merodeando por la quebrada la Salitrosa y finalmente tomando camino hacia el abandonado Ecobus”, puntualiza Escobar.